En la memoria de María Eugenia Alarcón Abascal, recordemos su amor inquebrantable que alimentaba corazones, su coraje inspirador que desafiaba límites, su resiliencia como luz en la oscuridad, su gratitud que florecía en cada amanecer y su paz que abrazaba el alma. Que su espíritu guíe nuestros pasos con fortaleza y serenidad, recordándonos que en cada desafío hay una oportunidad para crecer, en cada lágrima una enseñanza de valor, y en cada amanecer la promesa de un nuevo comienzo lleno de esperanza y amor.
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12 de septiembre de 2019