Que la luz del amor eterno que María Ernestina sembró en cada corazón siga iluminando el camino, recordándonos la belleza de la resiliencia, la fuerza del coraje y la paz que nos regala la gratitud. En su memoria florezcan nuevos amaneceres de esperanza, fortaleciendo nuestros lazos con la vida. Que cada lágrima sea un tributo a su amor, cada suspiro una melodía de gratitud y cada paso una reverencia a su valentía. En su legado encontramos la fuerza para seguir adelante, unidos en el abrazo eterno del alma.
Publicado en el archivo
20 de junio de 2019