En el suave susurro del viento y en el brillo de una estrella fugaz, descubrimos el eterno legado de María Cecilia: sembrar amor con humildad, cosechar esperanza con serenidad. Que su luz guíe nuestros pasos, recordándonos que en cada amanecer renace la oportunidad de abrazar la vida con gratitud y valentía. En su memoria, florecen los latidos del corazón, invitándonos a abrazar la eternidad del amor que nunca se desvanece. Que su espíritu nos inspire a amar sin medida y a sostener la llama de la esperanza en cada instante.
Publicado en el archivo
26 de mayo de 2019